En
estas últimas semanas, se ha hablado incesantemente sobre un tema
escabroso y antiguo: ¿Ultras sí o ultras no? Desde los comienzos
del fútbol, las aficiones de cada equipo han sentido gran fervor
ante los clubes. Desde los 80, existen grupos de radicales que
utilizan la violencia para mostrar su apoyo a equipos. Todos
conocemos algún Frente Ultra, pero los más conocidos son los
Hooligans. Este grupo, que está formado por seguidores de multitud
de equipos, mayoritariamente ingleses, tienen un único objetivo:
destrozar al rival. Desde su comienzo, se han vivido centenares de
sucesos relacionados con este sector de los hinchas. Pero en España
no existe esa rama ultra tan violenta, sino que existe otra aún
peor, que es más criminal. Desde Ultras Sur, hasta Biris Norte,
pasando por Ultras Yomus, existen verdaderas organizaciones
criminales, unas más radicales que otras, pero con la misma
violencia. Pero hay un factor que hace que esa mezcla entre fútbol y
violencia se haga todavía más explosiva: la política. Todos los
frentes de España tiene una ideología, que hace que la tensión
aumente cuando se junten dos aficiones de distinta y opuesta
ideología, como pasó hace una semana con el asesinato de “Jimmy”,
un ultra del Depor. Seguidores del Frente atlético, de ideología de
derechas, se enfrentaron a seguidores del Riazor Blues, frente ultra
del Deportivo de la Coruña, de izquierdas. Para mí, el fútbol es
un deporte que se debe disfrutar, independientemente de la ideología
del de al lado. Sí alguien que utiliza dicho deporte como pretexto
para pegar, y que le peguen dice que “ama” el fútbol, debe
replantearse si esa es la forma de disfrutar.
Jorge
López Migallón.
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